La perdida del miedo


No me interesa caer. Tampoco me preocupa. Ya puse las amarras y  estoy anclado a la luna.  En realidad nada podría pasarme, más de lo que me ha pasado. Más de lo pesado de las cargas, y de todas esas mochilas que en algún momento tome. Esas mochilas no las cargo. No las quiero. ¡Quémenlas! Que nadie las necesita. El mundo ya se cae a pedazos y mucha sangre corre por todos lados ¿y qué carajo vamos hacer? Más que deshuesarse, desprenderse, sacar las vísceras al aire y afrontar frontalmente lo que nos toca. De cara al mundo, el paso de valiente, haciendo vida, y construyendo, tomando decisiones, y lanzándose a los caminos. Forjando rabias, con una patada al miedo, un shock a la mente y despertando de golpe. La valentía mostrando rostro, logra ahuyentar las pesadillas, donde la llama de mi velada - en el escritorio viejo- fluye erráticamente su luminosidad.   Y es que también es una opción, siempre lo ha sido. Eso de elegir y ponerse a vivir, tal como uno le plazca. Eso que baila fuera del papel. Y lo que la tinta nunca escribe. Eran los ojos donde teníamos que poner atención. Ahí siempre estuvo todo. En esas cuestiones tan inverosímiles, quizás absurdas, pero ahí estaba.  Lograr verlo hubiese sido un milagro, o una casualidad forcejeada. Entonces no habría ningún indicio de verla, porque darle intención, ya quebraría con los límites de la casa. Tocando techo antes de empezar por la puerta. La espontaneidad nunca me ha gustado. Al menos en estos casos. ¿Pero qué? ¿No somos capaces de más? ¿Sera el ego y sus afanes por aferrarse al orgullo, el que puso en vilo, toda esperanza de vida? Preguntas, muchas preguntas y cuestiones que no terminan por decir lo más profundo del pensamiento. El más sincero tierno pensamiento. Es que quizás chocamos con nuestros propios cabezas y la máquina, cansada de funcionar solamente se apagó.  Alguien nos diría que de lo que se trata, es ir más allá y romper hasta con aquello que creíamos libre de todo sesgo. Y darle respuesta a cada momento, a la situación por compleja y densa que se nos presente, eso es una opción. Evadirse, también. Pero huir ya no lo quiero. Tal vez mañana se amanezca con lágrimas, o durmiendo con tal o cual personaje (como de los cuentos, o de las películas), quizás nada tenga sentido, y todo lo inhumano, sea solo plástico. Pura mierda envasada. Pero eso no importa, eso tiene un peso igual a cero, en el libre albedrio del cariño. Tan básico no somos. Ya despertamos y sacamos los cables del aparato, para hacerlo funcionar en otra sintonía. Claro. Despertar, soñar, un ojo abierto, el otro en Plutón, tomando el nada por sí solo, hacerlo parte del cosmos, de lo que gira en el polvo de estrellas para entenderlo. Sin agachar la cabeza, ser valiente, y salir a dar batalla. Ahí donde realmente valemos la pena, y hacemos de esta vida, algo más que un sueño placentero. Tomando riendas, ensuciando ropa, con las manos negras, en la cara de un inmigrante, rostro de niño sin zapatos, sueños en reversa.  Fallecer, o encontrarme navegando en las aguas del porqué, esos tiempos ya pasaron. Los lunáticos de la revuelta son más humanos que tu estúpida careta.

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