lies




Las mentiras llegaban tocando timbres que mi mente ya conocía
Pero no había espacio para el juego, ni para turbulencias,
La esperanza del credo era cada vez más austera
Y la certeza de lo real primaba en los deseos.
En aquel entonces, el niño chico, ya había crecido
Y la cabeza agacha sopesaba toda pena,
Y aunque el idioma no explotara,
El huracán de la verdad se manifestaba en señas,
Y el mimo de mi lenguaje daba cara de fruncido,
Recordándome del juego, que así como voy,
Así como vivo,
Y ahí, el filo de mi camino ya viene de vuelta.
Es en aquel momento donde me encuentro,
Donde veo el mundo por dentro, y no por fuera,
Es así, cuando entiendo que lo que se mueve, juega,
Y que el juego del bufón, ya no me tiembla.

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