Sin terminar (ni querer)
Dos desconocidos por la calle mirándose entre reojo, tímidamente bajo
un titubeo constante, de andanzas torpes, voz fruncida y caminar volando por
las veredas de la ciudad, en un día de otoño. Lugares sacados
del libro del escritor, poeta loco, soñador desenfrenado,
noches de Font y Garcia Madero con un cigarro en la cama, conversando de la literatura
y de lo estúpido del mundo, del soul y el jazz; melodía desgarradora en la
oscuridad de los gatos que maúllan entre basurales a la luna llena. La noche de
Valdivia nos saca de paseo y no me siento seguro en ningún lugar. Tus ojos
brillan en todos los rincones de la ciudad, fatalidad de segundos multiplicada
por siglos que abrazan la alegría de lo inevitable. ¿Dónde estás? Me pregunto, y de topón me llega
un beso a ojos cerrados, olvido la vida por minutos entre besos de licor y me
lanzo a los caminos. Otro día más y no sé si esto es real, o es que la
literatura me ha llegado a la médula y letra por letra la vida se ha
transformado en el sueño de los perros románticos. Y sí, la vida me
dijo crecerás, y aquí estoy maldito pasado, aquí estoy como siempre me has
conocido, sin retroceder ni cambiar, siendo el mismo terco muchacho
de la infancia, ese que aprecia los ojos y las manos, la voz y la mente, y deja atrás
la fachada de lo plástico. ¿Por qué retroceder ahora? La mente juega, pero la vida actúa y el impulso de
la intensidad que rosa los cuerpos suaves de las pieles de tu geometría me
drogan, me embriagan y me siento asaltado, sin ropas, ni ideas profundas que
suelen pasar por la cabeza, así, en mi acto fallido de querer dominar la situación, me equivoco, pero se siente bien el tacto de tus manos, cuando me tomas, y entramos
por la puerta y nos mantenemos pegados, los dos, en libros de bolsillos robados
de la librería, manchados con vino de la noche anterior, señalando
frases que entre risas logran hacer notar tus dientes, hermosos dientes. Recién
salidos del cuarto, la cocina invita a tomar algunas cosas y echar andar la
imaginación para saciar el gasto de la energía derrochada en la intensidad que
por momentos nos ha dejado abatidos en el suelo. Mañana
será un nuevo día, quien lo sabe, podría ser el mismo, y no sería rutina. ¿Que tonteras no? el amor nos pone maricas.


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