Leña Gruesa







El dinero lo arrojo desde los edificios o del monte donde se amaron mis abuelos,
quiero este mundo y no otro,
escribí en un tronco muerto,
mira mi rostro: nada me aterra.
yo sé que volveremos. 

Quita tus alumbres de púas de las tierras, 
tus carteles de no entrar,  
todos queremos ir a recoger nuestros pedazos de infancia al campo
y recibir los primeros rayos de sol de la mañana,
que se irradia en los pastizales donde pernoctamos
y que luego llega a mis ojos, convertidos en luciérnagas,
opacando la podredumbre, la ceguera.  

Deja que transite libre el aire de los árboles y mi piel morena

ya no quiero llorar.











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