Un poco de amor francés






Sentados en la banca soltamos las sonrisas que nos salvaron de las penumbras. El cielo del sur anunciaría que pronto han de llegar las tormentas, pero nada importaba en aquellos días, fuimos libres de condena y las calles eran nuestras. Mi sonrisa dibujaba en la cara de ella los días soleados que jamás imagine ver. Era un invierno con sabor a primavera. Pero no hizo falta escaparse del estruendo, los soplidos replicaban en los callejones a cada instante: hay que endurecerse en la ciudad de brujos, ser navegantes en la marea de contradicciones y encontrar algo sano después de todo, esa era la avenida que quisimos transitar. En el camino construimos un pequeño espacio donde reunirnos a media tarde, inventamos otras formas de dialogo, de fuego, cálido e intenso, algo que lograse romper con las normas que nos inculcaron desde infantes, un hecho fortuito que lograse hacernos cambiar repentinamente. Eso parecía que era amar: superar el gélido frío de la vorágine y las mezquindades humanas, a partir de suspiros y cosquilleos que llegaban a la mente en forma de imaginaciones frescas y libertades de colores, una zona intima en la cual regocijarme desnudo entre almohadas y besos sabor naranja. Logramos iluminar las sombras del sentimiento y reír sin controversias, siendo cómplices de un suceso y pasajeros del tren y juventud que brilla. Se sentía tibio el corazón, como si un cascaron triste se desquebrajase con tan solo un fuerte abrazo. No pusimos ningún obstáculo ni apretaduras si el fin era amar. Nuestra fuerza (en algún momento decaída) ahora se armaría de coraje y certidumbres, intuimos que no había mucho tiempo que perder, ya de muchos errores se sostenía el pasado. Las mariposas en el día, luciérnagas en la noche, todas se enredaron con nosotros en la ribera del río, donde nosotros también fuimos cauce de la vida a pesar del frío. El amor, esa droga tan extraña que fumábamos en el otoño. No quisimos pensarlo demasiado, las travesuras en el dormitorio y el baile nocturno parecía más entretenido que toda esa lluvia sin disfrutar. Creo que fue nuestra mejor apuesta.


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