Óleos de Amanecer




No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo. F. Pessoa

Pasamos unos minutos sentados en las piedras
en medio de la basura hablando de cosas suaves y frescas
en un instante cerramos los ojos y nos envolvimos
nuestro calor casi llegando a las vísceras/nos besamos perdidos.
Los colores son de infante, tú dices que hace falta leche condensada
y claro, el mundo es lo que ven mis ojos
pero quién ha visto a machuca en septiembre
por amor retorna a sentir el mismo frío.                         Esto es Temuco 
nuestras manos entumecen y los cuerpos magnéticos son roce 
temblante y sonriente / radiante y dulce  
es la boba loca alma con la que soñé, el milagro que emergió de la ciudad oscura.
En el reflejo del agua se ven dos muchachos reverdecer
y de a poco las ramas de los arboles cubren sus figuras, 
abriendo y cerrando voluntades, poniendo y quitando pretextos,  
cómo dice la canción: hay muchas drogas agridulces pero con esta me quede.
los labios nos endulzan y vuelvo a ver: somos nosotros
nos iluminan los rayos del sol que cruzan las nubes a una incalculable distancia,
se siente cerca el cántico de las aves fugitivas
y te miro a los ojos; tú dices que todas se comunican.
A lo lejos el ladrido de los perros de mala raza circundan
y el sonido de una pelota rota golpea contra la muralla
la corriente del Río Cautín se cuele por nuestras patas, como arrastrando el desprecio
pero más allá un hombre está quieto, fumando un cigarrillo
a todo le da vuelta.
Son las 7 de la tarde, mi infancia, tú dices que está es LA JUVENTUD
te digo: las mejores fotografías son las que no existen
tú me dices: siempre tenemos escenas lindas, quizás por lo mismo no hay destellos.
Y sí el mundo es lo que ven mis ojos, te lo escribo:  
alcanzo a  ver las sonrisas de los callejones fluyendo por aires libres
en el rostro virtuoso que nos entrega la primavera
creo volver a sentir las risotadas de los niños de lanin, aquí contigo
logro balbucear la tristeza, suspirando la necesidad de habitar en otro plano.
Y así no me enmaraño: quiero fundir mis ojos en el paisaje y en tu pelo
los dos por parejo: convertirme en la contradicción del humo y el viento fresco, 
en la intermediación de los dolores y colores
lejos de rencores, próximo a la estación de tu casa en Lautaro

un lugar desconocido que percibí, dejándome llevar por tu aullido. 

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