Sueños de la calle / Spiritual rage




Salpica la electricidad de la generación en el espacio sideral
llevamos el rostro de los muchachos arrojados al universo
somos los pibes de la villa con nombre, palpitando el tiempo
la hojarasca de la gorra que oculta / la mirada de los ojos rojos.

Subimos las escaleras del destino escuchando el punk:
mogollón de gente viven tristemente, sin dios, sin futuro:
nos pintamos con colores de guerra; habían espinas en nuestras manos,
a veces ropas anchas, poleras oscuras, un jockey a lo Limb Biskit
nuestra estética de pendejos raros

De entrada se advertía que no habrían palacios de arcoíris
que las mansiones blancas tenían dueños de bolsillo  
por lo mismo desconfiamos de adonde nos llevaban
El ceño fruncido en el rostro viene desde lejos:
el olor de la miseria, el frío en el suelo húmedo,
la ambivalencia orbitaba en este aire.

Nos temblaba la garganta antes de subirnos a ese riel   
pero hicimos un pacto silencioso a modo de conjuro:
no queremos morir con el antiguo espíritu del miedo; 
nacimos con una visión / un puño en alto,
no esperes la quietud hipócrita de la época pasada
llevo tatuado en mi brazo Know your enemy!

(conoce a tu enemigo).

La memoria transita sobre los vidrios rotos de la estación
en el suelo que pisamos se vertió la sangre de los morenos
hay recuerdos de las balas, orificios difíciles de cerrar,
la incertidumbre del presente / la angustia que se inhala,
sonriendo ante tus cámaras,
dándose un abrazo a torso descubierto.

No nos enseñaron a amar, tampoco nos dieron tiempo,
De chico quería que tú fueses mi princesa,
dedicarte canciones de Daddy Yanke, 
encerrarnos en la pieza y hacernos el amor, 
olvidarnos de toda esta mierda que vivimos. 
Pero ni tocaron la puerta, la echaron abajo,
y no fue solo la policía; 
hay hostigantes que quieren saciar su desventura a costa nuestra, 
se niegan a que veamos el arcoíris.   

La yuta es el terror del barrio / la pobreza es la cárcel
la educación es una jaula; no nos quieren dejar volar
el trabajo es el triunfo del sistema: todo llegan ahí agachando la cabeza.
Mis hermanos construyen el mundo,
pero habitan la condición del morir viviendo. 

Con esas verdades salimos del barrio, respirando la lacrimógena, 
abrazando una certeza,  veníamos de la jungla de cemento,
con las manos pujando contra la historia, 
sellando el pasado: buscando una luz,
la misma que estaba en los ojos de Rafael Nahuel, de Michael Brown, 
de Manuel Gutiérrez. Yo vi los noticieros.

Ellos jamás nos van a permitir ser una bandada de pájaros
nos han arrojado al lumpen y al hampa:
muy dentro de mi entiendo el juego de la brutalidad,
escuche toda la noche el disco de Canserbero (todos mis temas se llaman vida!) 
pero es difícil, no depende de mi
es un mal corrosivo que se funde como el metal. 

Pero me niego a ser boca del pastel completo,
hay que correr en la vertiginosidad del ruido
con tu puño de montaña resplandeciente  
hay que llevar una esperanza / de que somos fuertes / que no hay tiempo
una verdad, que somos una multitud de flamas negras con puntas rojas
con un ardor inmenso en el pecho / una rabia espiritual
posible de crepitar en todos los callejones oscuros

En esas murallas opacas que se dejan ver: Matías Vive, Lemun Renace
sus gemidos van susurrando la resistencia por el campo:
vivir así es un delito / el planeta es un paraíso /
me niego a que la ciudad sea nuestra tumba
daremos combate.
La lluvia sobre nuestros cerros
será una conquista para estos cuerpos de barro


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