Poetas de las imágenes que titilan
Poetas
de las imágenes que titilan.
Pero
el mundo ya trajo el arte; en ese horizonte zigzagueante de cabezas
puntiagudas, un lago celeste cubre mis sueños, en el navegan barcos rojizos a
media tarde. Abajo las ciénagas, las valquirias, las fábricas humeantes. Las
luciérnagas amarillas irradiando halos de la desventura; unas sombras / ausencias del mamífero, el impacto de una luz electrizante. El
mundo, en su órbita moviéndose en grandes lanchas de cuatro ruedas. Para el sur
o norte, noche o día, las pupilas de los hombres tristes acarreando árboles
muertos. Soñaras o imaginarás que voy en esa libélula mecanizada, tocando con
mi dedo la ventanilla fría donde se reflejan los rostros celestes, pensando el día
que venga la musa libre de ardiente pasión, de loco corazón, a convertirme una
vez más en esa mariposa cósmica ¡Girando en el aire se expulsaran polvos aguas carcajadas,
la sensación combinada del instante único! El poder de la luz es tuyo, desde
ese ojo en el cielo caen meteoritos de humanos nuevos, caen sobre las capas
porosas del pasto, otros sobre los extensos cables eléctricos, más grandes que
la pena de un amigo. ¿No escuchas las sirenas? Las luces de neón se mueven
desatando la ventisca por los pueblos de personitas sensibles. Ellos viven una
vida que no se merecen, pero tienen los principios que otros carecen. Hay un
sueño y no un abismo pantanoso en el azul de mi templo, voy a gritar en la ruta
todo lo que mis planetas sienten, todo lo que mis dedos de caracoles quieren
alcanzar. Seremos polvo o lo contrario, no me importa. Para mí estamos hechos
de sueños antiguos, de imágenes irradiantes sobre un tiempo desconocido. En mis
pies de alquimista que caminan por el desierto fronterizo del norte andino y la
noche estrellada de un archipiélago indígena, se cruzan las fajas de flores
amarillas qué día a día hablan con el sol y las manos de un campesino.
Todo el presente se constituye de ese espectro. No reniego la dulzura del
pincel que balancea mi lengua sobre tu rostro, del vómito espeso que expulsa mi
volcán sobre la iracunda ciudad del demonio. Acabo de tragarme la miel del
panal, soy el mismo chico ansioso que conocías. Rasguea mi corazón, y la sangre
ahora se convierte en ese aliento diáfano que supera la obsesión de lo
tangible; hay que creer en esa idea que titila en la soledad, solo mira la
primavera sureña agujereada: los naranjos y linces tras los reflejos de un dios
agradecido. Estoy volviendo a mí verdadera casa, espero que lo entiendan. Mi cuerpo de pluma vuela y en un destello
irradia su nueva luz azul marina. Ya no siento la agonía del tiempo, ya no me
siento el chico de los harapos, llevo el Big Bang dentro.



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