Mi camino al socialismo
Mi
camino al socialismo
Cuando todo pase no
quiero estar tranquilo, ni con energía, ni sentirme joven.
No quiero sentirme realizado ni menos con los sueños cumplidos.
Quiero sentirme viejo, gastado, de vuelta, con las utopías vivas,
quiero sentir que me falta un pedazo de mi cuerpo,
que fui a la guerra y me sacaron un ojo,
que luche y que sigo vivo,
quiero haber sentido la pena de perder un camarada en batalla,
de no ver a mi familia por años.
Quiero sentir que valió la pena,
la militancia gris y cotidiana,
que tras semana y semana nos endurece el alma y
nos deja la mirada en un horizonte mucho más grande que la humanidad misma.
Quiero tener la cara seca y rasguñada, con cicatrices y malgastada,
con los pasos cansados del camino que hemos tomado.
Es que mis panfletos son rabia de juventud que despertó para cambiarlo todo
y no para el bienestar de unos pocos,
es que estos cigarrillos no son para el consumo de las noches extenuantes de lecturas compulsivas,
es que nada de esto es pasajero.
Es que yo soy viajante, amigo de ruta, compañero de lucha, que dejara la vida por nuestro destino.
Y lo afirmo y re afirmo, quiero que arda el capital, y todos sus ministerios,
quiero muerto al maldito patrón que deshuesa a los obreros de mi pueblo,
quiero bajo condena a los traidores de nuestra clase
que cambiaron sus ideales por la tranquilidad del rehúyo,
quiero dejar la bandera limpia para que otros la tomen
y de ella hagan realidad el sueño de los esclavos,
de los inauditos, de los forasteros
que fueron en busca de su suerte a una lejana frontera.
Se acabó su juego, porque aunque ellos quisiesen,
que esto fuese delirio, tozudez, envejecerá así, junto a miles.
No quiero sentirme realizado ni menos con los sueños cumplidos.
Quiero sentirme viejo, gastado, de vuelta, con las utopías vivas,
quiero sentir que me falta un pedazo de mi cuerpo,
que fui a la guerra y me sacaron un ojo,
que luche y que sigo vivo,
quiero haber sentido la pena de perder un camarada en batalla,
de no ver a mi familia por años.
Quiero sentir que valió la pena,
la militancia gris y cotidiana,
que tras semana y semana nos endurece el alma y
nos deja la mirada en un horizonte mucho más grande que la humanidad misma.
Quiero tener la cara seca y rasguñada, con cicatrices y malgastada,
con los pasos cansados del camino que hemos tomado.
Es que mis panfletos son rabia de juventud que despertó para cambiarlo todo
y no para el bienestar de unos pocos,
es que estos cigarrillos no son para el consumo de las noches extenuantes de lecturas compulsivas,
es que nada de esto es pasajero.
Es que yo soy viajante, amigo de ruta, compañero de lucha, que dejara la vida por nuestro destino.
Y lo afirmo y re afirmo, quiero que arda el capital, y todos sus ministerios,
quiero muerto al maldito patrón que deshuesa a los obreros de mi pueblo,
quiero bajo condena a los traidores de nuestra clase
que cambiaron sus ideales por la tranquilidad del rehúyo,
quiero dejar la bandera limpia para que otros la tomen
y de ella hagan realidad el sueño de los esclavos,
de los inauditos, de los forasteros
que fueron en busca de su suerte a una lejana frontera.
Se acabó su juego, porque aunque ellos quisiesen,
que esto fuese delirio, tozudez, envejecerá así, junto a miles.



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