Atemporal
Vino tinto al paladar, salmón en el horno y algo que entre humos opaca
la seriedad. Nada más, son las 4:07 de la madrugada y Bob Dylan suena en la
radio. Hace dos horas me detuvieron los detectives. No tenía drogas, aunque eso
no buscaban. En mi mochila traigo libros pesados que quiero leer. El tabaco
sigue rolando y no le hago el quite. La visión de la realidad se
colectiviza y por segundos todo parece
armónico. Un cuadro en la pared dice in “GOD WE TRUST” y apunta mi rostro.
Suena el celular. Han violado una mujer de mi barrio. La comida no me ha
entrado y quedo blanco. Es hora de dormir y me resisto. Ha sido un día caótico.
Reuniones, terremoto en el país, y no almorcé. Aun así, el vino no cesa y me ha
dado por seguir. La música cambia pero al menos para mí hoy no será una noche
interminable. Yo no la recordare, pero ya en menos de 10 horas tras mis ojos
hubieron muertes, violaciones y un yanqui apunto directo a mi rostro. Dios no
existe y las coincidencias tampoco. Al parecer nada, ni la suerte. El cigarro
se me ha acabado y hoy nada abre. Tengo un olvido, no cualquiera. Ayer estaba
de cumpleaños mi progenitor y estuve ausente. Hoy no
abrazare el sueño, es evidente.



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