Embobado



Hoy ando puesto, me he dado con una droga de la puta madre y quiero devorarme el mundo de un bocado. Me creo un rey, pero tengo los ojos irritados y evito todo gentilicio bullicioso. Por mi hoy solo quiero lugares oscuros y vagos, algo de vino y personajes del suburbio. Mi mente está en la cresta, en el lugar más alto y no siento mis pies, creo que vuelo y de un bajón llego directo a la cama. Mentira. La lujuria me toma por asalto y una mujer duerme conmigo. Despertamos y nos vamos de fiesta, hoy es noche de locos, y mi doctor me ha recetado la medicina más perfecta que pudiese haber querido. Como gatos negros vamos por el tejado metiendo ruido a los vecinos del vecindario, asaltamos la primera botillería que encontramos y nos volvemos a poner en onda. Locos, enfermos y vividores de la vida buena quieren unírsenos pero hoy no quiero andar con nadie a mi lado, nadie que sea más loco que nosotros, porque odio lo rancio, y lo bizarro no se me apetece. Me gusta la locura, la noche, el vino y una buena fumada de la mejor marihuana de la temporada, pero solo eso, no quiero sangre, ni peleas, ni que la yuta me tome por enfermo. Seguimos por la fiesta y estoy embobado pero con una sonrisa de polo a polo, y nadie me para. En la calle el trago corre de mano en mano, de boca en boca de labios morados, ojos paulatinamente alocados y en medio del caos vamos dándole a la imaginación y la música toma pulso en nuestros cuerpos como creyéndose la dueña de la noche. Van uno tras otro tirando su mejor imaginada sobre las palabras y el bombo que suena, dándole el ritmo perfecto a la vibración frenética de esta proeza ebria. Salimos de noche y llegamos por la mañana con caras acabadas, como si un tren nos hubiera pasado por encima. Llegamos felices y jóvenes, todo lo otro da lo mismo, no me falta ningún diente y mi cara sigue siendo prematura.

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