Hazlo por ti
Cuando
llegue la hora de la escritura quiero que la luz no exista. Que mi cabeza
memorice el orden de las letras, y que la monotonía que modifica el lenguaje de
lo público no se me acerque. Quiero estar aislado, pero ya no confundido, ya no
perdido, si no encontrado como personaje de libro que asesino a su creador por
categorizarlo deficiente. Mejorar las mañanas, conquistar
las noches, repensar los días y cultivar el futuro, mi mayor añoranza.
La práctica cotidiana que me hace consecuente y me seca las lágrimas culpables
de los momentos que no fueron, me abofetea cada noche, en cada sueño,
golpeando mi quijada y tirándome al suelo. Recriminándome los titubeos, queriendo que me
haga fuerte. No hay blabladurías de consuelo, es que tampoco las quiero, ya
estamos grandes – dijo mi padre. El dolor que se hizo carne en el humano, hoy camina
firme de convicciones al fulgor de la marcha del descontento, y a ratos mira,
con cierto recelo, la nostalgia. Penas
mal paridas que me hacen desear las historias de niño
donde solo importaba el presente. Ni las calcetas rotas, ni la cara manchada,
nada pero nada importaba; solo éramos unos cabros felices. Por eso combato la estructura - le dije a mi abuela,
para que nada importe. Porque todo exista. Porque nada apague la melodía, ni esas
guitarras sensibles de los viajantes. Me imagino un paraíso mental de almas conscientes
del cosmos, de la naturaleza en la habitan, de las vidas que no son ajenas a
la existencia. Una revolución de mochilas decía Kerouac, una revolución de
mochilas, pensé también yo, un vagabundo de la ciudad, un omnipresente de
situaciones pasajeras, un vividor arrepentido. Un conspirativo – dice mi compañera,
un poeta pobre, un nadie...un busqueta piensa mi cabeza. Sin embargo, y a pesar
de todo,... El día en que la situación lo amerite, hazlo por ti, no por mí,
hazlo por ellos, que son ellos, los que de nuestra generación esperan que el
mundo transformemos. Yo no soy de seguridad, SOY HUMANO, yo me escapo a las
orillas de los mares a dibujar silencios, yo me pierdo en los ojos del cielo,
acariciando la excelsa magia del universo. Yo seré lo que sea, pero de algo estoy seguro, es
que no soy nada permanente, ni nada presuntamente esperable. Gira el mundo en
los flujos de conexiones internacionales, pero también gira mi libertad
brillando sin banderas liberales. Nada
que lo ate a las cadenas de los verdugos, caminan mis pasos por las calles,
escuchando la música de los esclavos, de los subordinados, para llegar
tristemente a la marginalidad del barrio. Y aunque pase el tiempo y yo siga
firme, no lo hagas por mí, que soy humano de fábrica, y también me desplomo. Lo
repetiré tantas veces como sea necesario, allá fuera hay gente que hace falta;
los obreros se comen las migajas y las mujeres les duelen sus no derechos. Conspira,
conspira, y ataca. Dios está muerto, y los gobernantes nos quieren sumisos, o rebeldes
a su antojo. Hazlo para ser feliz, aunque por 50 años
no lo seas. No hay otro motivo para tantos colores. Mil arcoíris colorearán el
cielo, decía un poeta ruso. A patadas con los obstáculos, a paso de valiente
las convicciones. Las vicisitudes y las crisis muestran lo único real en un mundo
de construcciones sociales. La explotación si existe, y nosotros si somos
borregos. Asumirse es el primer paso, y el segundo, ya sabes. Hazlo por ti. Te espero,
nadie vendrá a salvarte.



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