Carta del tripulante
Mira, mira, voy a escribir algo. Como
si viviéramos muy lejos y tuviese que darte un reporte de mi existencia. Como si
ya fuese antropólogo y mi trabajo fuese en las islas negras.
Te cuento un par de secretos, porque quizás los días vividos en compañía tienen distinción y yo todos los días suelto risas con la gente, en medio de las ventanas, tomando café hablando de nuestras vivencias. Para mí los secretos son verdades, las que uno no anda vociferando por la calle, gritándolas. Eso lo hacía cuando pequeño y rayaba las murallas, buscando inocentemente impugnar al sistema. Hace tiempo no grito nada, la mayoría de las emociones las vivo (¡y cuanto las vivo!) las hago parte de mi cuerpo o las silencio. Las silencio como quien esconde la llama con las manos, con esas mismas manos escribo. Con un té a mi lado, pensando que tengo una fogata en mi casa, la cual en realidad es una estufa que poco y nada anima. (Así son las vidas de los pobres; ojalá algún día cambien). Es raro, sabes, esto de encontrarse con alguien, cuando al parecer ya no creías en la magia (o sea yo) y el gustito a la vida es más bien agrio. Y de la nada, de una nada que es como un pequeño fuego en un campo frío, terminas besando a una chica, en una noche acaramelada, jurando amor sincero. Ha sido lindo esto de toparse en los laberintos donde no se cobra peaje. Linda has sido tú. Yo siempre he sido un gusano en el amor.
Me gusta fumar tabaco mientras escribo y a veces hablo lo que mi cabeza despide para sentir cómo se escucha.
¿Que bobo no? Es loca la vida, no obstante he vivido caleta para volver a embobarme y yo creo que tú también, quizás más que yo. Mi vida ha sido tranquila, me he salvado de puro suertudo, yo sé que a ti te ha tocado difícil. A las mujeres siempre les toca más espinoso que a nosotros, los hombresitos sensibles. Aun así, el mundo es un pañuelo y nos alcanzamos en la inmensidad, pequeña, por un momento al menos, caminamos cerca por la misma vereda, burlándonos de los humanos de al frente que transitan amargados. “Me gustas y con eso basta”, me encanta decir esa palabra. No sé dónde la leí, quizás en tus labios. Al menos a mí me basta. No quiero hablar de múltiples colores, porque quizás lo único que importa hoy es el cariño. Es la risa que ahuyenta a los apenados. Es un abrazo y un “quédate un rato, que desayunamos luego”. La vida adulta nos exige tantas tareas, sin embargo, estoy disponible a asumirlas por entero. A hacerme grande pues dentro de mí hay un fuego valiente. Hay decisión y hay certezas. Pero que no se confundan, pues también sé salir por la ventana un rato, a dibujar pájaros y sembrar flores en los campos fríos. ¿Te digo algo? hace rato no escribía en hojas apolilladas y quizás no lo haga por mucho tiempo. La vida moderna, la vida moderna. El cuento monótono, pero esto no da dinero, y ya siento repetitivamente el segundo pujo de mi madre. Se me acabo el tabaco y enrolo otro. Imagino luciérnagas saliendo de mis ojos incendiando las calles, enhebro tantas ideas con mis tejidos dactilares que a momentos siento que soy bueno en esto de destilar letras, y cuando hablo de destilar, hablo de desnudar los nudos y de poner mi mirada honesta firme frente al miedo. Mientras tanto, cuento otros secretos para no aburrirte. Me gusta no sentirme solo, aunque solo me valgo, pero me da confianza que en la casa haya más gente. Que hagan el amor y disfruten lo dulce de la miel en el café. Lo salvaje de las uñas en la espalda, los gritos inmorales que niegan al conservador clero. La vida tiene sentidos en movimientos, nosotros no tenemos que dejar de movernos, pues la rueda de la historia pasará por todos los inmóviles. Menos los árboles, ellos resistirán a la ciudad moderna. Pero nosotros, jovencitos de la universidad, privilegiados de no haber vividos guerra, caeremos abatidos en la comodidad de nuestros hogares. Igual... no me confundo, yo leo para ser libre. Para caminar libre y sin miedo. Para ser persona y vivir contigo y contigo y con tantos humanos más. Pero no hipócritamente, eso nunca cariño. Si tenemos que dar la vida, hagámoslo. Démosla, pues esos viejos grandes nos han quitado todo. Yo siempre termino hablando de estas cosas, pero es que al final el amor por el amor no me llena. Yo quiero que cambiemos las cosas del mundo viejo… ojalá se pudiese escribir con sonidos e imágenes, porque ahora mismo, acabo de soltar una sonrisa honesta repleta de esperanza por los días que nos quedan.
Te cuento un par de secretos, porque quizás los días vividos en compañía tienen distinción y yo todos los días suelto risas con la gente, en medio de las ventanas, tomando café hablando de nuestras vivencias. Para mí los secretos son verdades, las que uno no anda vociferando por la calle, gritándolas. Eso lo hacía cuando pequeño y rayaba las murallas, buscando inocentemente impugnar al sistema. Hace tiempo no grito nada, la mayoría de las emociones las vivo (¡y cuanto las vivo!) las hago parte de mi cuerpo o las silencio. Las silencio como quien esconde la llama con las manos, con esas mismas manos escribo. Con un té a mi lado, pensando que tengo una fogata en mi casa, la cual en realidad es una estufa que poco y nada anima. (Así son las vidas de los pobres; ojalá algún día cambien). Es raro, sabes, esto de encontrarse con alguien, cuando al parecer ya no creías en la magia (o sea yo) y el gustito a la vida es más bien agrio. Y de la nada, de una nada que es como un pequeño fuego en un campo frío, terminas besando a una chica, en una noche acaramelada, jurando amor sincero. Ha sido lindo esto de toparse en los laberintos donde no se cobra peaje. Linda has sido tú. Yo siempre he sido un gusano en el amor.
Me gusta fumar tabaco mientras escribo y a veces hablo lo que mi cabeza despide para sentir cómo se escucha.
¿Que bobo no? Es loca la vida, no obstante he vivido caleta para volver a embobarme y yo creo que tú también, quizás más que yo. Mi vida ha sido tranquila, me he salvado de puro suertudo, yo sé que a ti te ha tocado difícil. A las mujeres siempre les toca más espinoso que a nosotros, los hombresitos sensibles. Aun así, el mundo es un pañuelo y nos alcanzamos en la inmensidad, pequeña, por un momento al menos, caminamos cerca por la misma vereda, burlándonos de los humanos de al frente que transitan amargados. “Me gustas y con eso basta”, me encanta decir esa palabra. No sé dónde la leí, quizás en tus labios. Al menos a mí me basta. No quiero hablar de múltiples colores, porque quizás lo único que importa hoy es el cariño. Es la risa que ahuyenta a los apenados. Es un abrazo y un “quédate un rato, que desayunamos luego”. La vida adulta nos exige tantas tareas, sin embargo, estoy disponible a asumirlas por entero. A hacerme grande pues dentro de mí hay un fuego valiente. Hay decisión y hay certezas. Pero que no se confundan, pues también sé salir por la ventana un rato, a dibujar pájaros y sembrar flores en los campos fríos. ¿Te digo algo? hace rato no escribía en hojas apolilladas y quizás no lo haga por mucho tiempo. La vida moderna, la vida moderna. El cuento monótono, pero esto no da dinero, y ya siento repetitivamente el segundo pujo de mi madre. Se me acabo el tabaco y enrolo otro. Imagino luciérnagas saliendo de mis ojos incendiando las calles, enhebro tantas ideas con mis tejidos dactilares que a momentos siento que soy bueno en esto de destilar letras, y cuando hablo de destilar, hablo de desnudar los nudos y de poner mi mirada honesta firme frente al miedo. Mientras tanto, cuento otros secretos para no aburrirte. Me gusta no sentirme solo, aunque solo me valgo, pero me da confianza que en la casa haya más gente. Que hagan el amor y disfruten lo dulce de la miel en el café. Lo salvaje de las uñas en la espalda, los gritos inmorales que niegan al conservador clero. La vida tiene sentidos en movimientos, nosotros no tenemos que dejar de movernos, pues la rueda de la historia pasará por todos los inmóviles. Menos los árboles, ellos resistirán a la ciudad moderna. Pero nosotros, jovencitos de la universidad, privilegiados de no haber vividos guerra, caeremos abatidos en la comodidad de nuestros hogares. Igual... no me confundo, yo leo para ser libre. Para caminar libre y sin miedo. Para ser persona y vivir contigo y contigo y con tantos humanos más. Pero no hipócritamente, eso nunca cariño. Si tenemos que dar la vida, hagámoslo. Démosla, pues esos viejos grandes nos han quitado todo. Yo siempre termino hablando de estas cosas, pero es que al final el amor por el amor no me llena. Yo quiero que cambiemos las cosas del mundo viejo… ojalá se pudiese escribir con sonidos e imágenes, porque ahora mismo, acabo de soltar una sonrisa honesta repleta de esperanza por los días que nos quedan.
Me despido 3 veces.
Aquí seguiré escribiendo letras,
subido en la barcaza de los mares muertos.



Comentarios
Publicar un comentario