Baile romántico de oktubre



Las últimas lluvias del año se dejaron caer por los cerros de Nahuelbuta,
donde dicen que aun viven leones enfurecidos,
bajando llegaron a las poblaciones marginadas del pueblo,
donde dicen que aun existen las tabernas de las cuatro esquinas.
al costado de mi casa se creó una gran piscina oscura,
donde el charly y otros perros del barrio se lanzaron a juguetear,
no sé que le habrá pasado a ese perro aquel día,
yo lo miraba desde mi habitación, feliz, sorprendido  
¡hace un año ese perro ni siquiera tenía alma!
antes de pararme ilusionado a ver la lluvia
me encontraba pensando sobre la genialidad del último disco de un rapero español
el mc de habla hispana que más supo golpear del micrófono a nuestros oídos,
Kase O, acompañante de las tardes y noches melancólicas de agosto,   
cuando le gritaba al cielo con la botella de ron en mis manos que jamás volvería a amar.
llovía, y por dentro sentía emociones puras como bautizo
sentimientos sanos de humanidad que me hacían sentir un ridículo,
que hermosa es la lluvia…
cuando tenemos el tiempo podemos ver a los niños valientes que corren embarrados
sentir el olor a legumbre ¡todo el año ausente! desde la cocina cálida,
abrazar con amor y pena a las abuelas que quizás nunca vuelvan,
un acto fantasmal que combate la pérdida total de la esperanza.
en un tono más alegre: ¡para acurrucarnos!
y darnos vueltas, comer chocolates,
ver películas gringas de Adam Sandler,
fumar pitos con amigos, sentados en el sillón acomodados,
riendo como locos libres,
desde otra perspectiva, siendo dulces, pasajeros y juventud.
aunque el día que vi al charly jugar estaba haciendo lo típico de una tarde lluviosa,
café, galletas, Chet Baker, masturbación y lectura,  
tampoco digamos que uno busca grandes cosas,
aun no hay novia que haga realizar el gran esfuerzo,
tengo tantos recuerdos de amores bellísimos,
que me bastan cada tarde para tocar la sabia de los arboles riendo.
desde la altura de mi pieza cerré  los ojos,
recordando que hace años no meditaba,
tratando de no sentirme tan culpable me transporte al bosque,
en la mitad del tiempo mi figura resplandecida,
al punto de sentir el viento en mi cuerpo desnudo,
y comenzar a desojar mi piel por otra que sirviera para la época venidera.
llego la noche pero no la oscuridad,
pensé en tu rostro iluminado de placer y aparecieron las imágenes,
 vinos calles bailes
pieles risas palabras viento
manos y agua
calor  pecho
pies campos fríos
tu y yo,
abrazos,
grito y lluvia.
volví al tacto,
tenía mis labios enrojecidos y una botella de merlot tirada en la cama a medio tomar.
salí a la calle a caminar, eran las 02:00 de la madrugada,
me enamore tres veces en la botillería donde compre cigarrillos,
a cada paso en la vuelta a casa me sentí
un hombre autentico. 

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