El sueño que tuvimos



Escribíamos poemas en los papelillos donde se guardaban las sonrisas de los escolares
y nos parecía fantástico
crear la realidad desde la humedad donde pululan las luciernagas
sentir con los perros que reciben la lluvia y pernoctar con ellos abrazados en la vereda. 

Para algunos, eramos otros pobres escritores
que iban a morir siendo jóvenes e inmaduros.

Nos reuníamos en cantinas a pensar en el futuro 
estando hoy en este austero presente
sorbeteamos el vino barato comprado con nuestros pocos pesos
y creímos ser poetas de calle o hijos de la pena
(no lo recuerdo).

Solo sé que rayamos las paredes de la policía
y corrimos ebrios mirándonos cómplices de revoluciones justas
jugamos a ser reales en la poesía y quizás siempre lo fuimos,
yo nunca tuve que esconder mis boberías con los muchachos.

Estoy construyendo la mezquita de la bronca 
en un barrio donde abunda la fe plástica
tengo el ímpetu y ya no quiero tus ruines críticas.

Mira este lugar donde vivimos, somos el único dialogo entre canales baldíos
tenemos en nuestras manos martillos y clavos
hay madera nativa y semillas en nuestras mochilas
estamos creando el puente hacia el amor a fin de cuentas.

Un día nos dimos puñetazos en un bar miserable
luego nos besamos entre hombres y mujeres
dándole entender al mundo y a nosotros mismos
que las moralidades del colegio franciscano habían muerto.

Brotamos como tormentas en un día lluvioso
pero tú solo ves los rayos
lanzamos los papeles en llamas desde el rascacielo más alto construido
por las manos de los obreros desaparecidos de los libros.
Nosotros ya lo escribimos: tenemos rabia.

Y siempre hubieron mariposas y flores en el paisaje
un alivio al corazón que nos permitió ser felices en la tormenta
o al menos logramos dibujar todo ese caos
que a momentos parecía eterno,

no lo desperdiciamos, ese fue el sueño que tuvimos: 
proyectar la pasión, ser la pequeña sombra de las ausencias. 









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