Éxtasis de la lluvia






Temuco crepita en mis oídos, cierro los ojos, lo respiro:
es el olor a leña que sientes / la humedad en mi ropa 
también la parafina de la estufa averiada y el aceite quemado de las sopaipillas
las Becker en el Barbudos, las escapadas al Híbrido a las 4 de la madrugada.
Mientras cae la la lluvia es mi cara sonriente, mi propuesta juvenil de vivir sin limites
de besar a todas las que me gustaron, de prometer amor sin clausulas 
de quedar sin dinero un martes por la tarde, de llorar en el Cautín con una botella de vino
es echarme un año de antropología, querer irme a la mierda con las drogas!
de verdad no sé lo que es, pero quiero rescatar una mariposa de esta pocilga.
Quizás los niños saliendo de la escuela y los árboles en el otoño,
las imágenes bellas en el museo de ferrocarriles y esos besos sabor frutilla   
es posible que sean esas instancias cristalinas que nunca pensamos
nunca imaginamos, pero que fueron lo mejor de nuestras vidas            
aquello que hace negarme a tu maldita idea de que vivimos en un basurero.   
Veo las calles y veo mis amores, veo las plazas y me veo con los ojos rojos
riendo enamorado perdido buscando cielo, gritando y lanzando piedras enojado
corriendo de los pacos en una protesta, mojado y con frío, repleto de actitudes valientes
pero que es Temuco? sirve hablar de él? acaso nadie da un peso por esto?
cuando llegue me dijeron <<aah, ciudad del demonio, Maldito Pueblo Temuco>>
aaah ciudad maldita, oscura, ploma, monótona, callada y violenta.
Temuco en mi cabeza es algo más; me niego a creer en el total infierno
escucho los gritos de una madre desesperada, los gritos por libertad afuera de la Cárcel
veo los vagabundos que deambulan por Montt, a los niños que se escaparon del Sename
a estudiantes con las universidades tomadas y a esos rostros sin expresión por Av. Alemania.
Temuco, es el llanto pálido del cielo; el amanecer en Lanin, de una casa pequeñita y húmeda,
donde vive Cristiano Ronaldo "el tano" de dos apellidos mapuche que no recuerdo.
Es el movimiento del cartero, del barrendero, es la dignidad de ser de Pedro de Valdivia,
la caminata de 5 haitianos por el barrio Tucapel en busca de jugar a la pelota,
es su mirada y la vista de una vieja rubia sin sentimientos que va de compras al Portal.
Pero la ciudad, no es solo esta atmósfera de miseria, pobreza y odio 
también es una parte del arte, un trozo de la ciencia, toda la belleza del fango,
que busca hacerse un espacio de colores desde donde mirar ardiendo:
la expresión, la necesidad del movimiento, del intercambio cultural de los pueblos
la anticipación de la noche al día de un arquitecto de maderas,
la fuerza de un estudiante pobre en busca de ser un intelectual crítico,
el encuentro con la verdad: de que estas ruinas, nunca fueron cenizas   
que los parias resisten, que cambiar la vida es totalmente posible.   
Temuco, la ciudad retumba. En el cementerio se escuchan gritos de un partido
en el cerro Ñielol se escucha el ruido de los autos que pasan por Caupolicán
en las tabernas se comenta que Deportes Temuco va último, pero que no desciende  
en la estatua del Lautaro al frente del Santa se escuchan más gritos: ni una muerta más!
Esta es la ciudad: toda esa mezcla de verde y cemento, de plantas y edificios:
si miro hacia un lado hay colores de las niñas, si miro al otro caigo en la ceguedad.
Prefiero encontrar una mirada entre la mariposa y el basurero
que ayuden a soñar la ciudad con otros ojos: con las intuiciones de un angolino
que busca la redención y el encuentro con una vida verdadera.
Los edificios son la ciudad gris de la que hablan, es cierto. No son el verde
no es la magia del sur del santiaguino incrédulo: esta es una ciudad de brujxs
Porque aquí ser temuquense – lo reivindico-
va en la caminata apurada por el puente de Padre Las Casas,
va en el rostro que vemos en las micros. Es la feria pinto a las 3 de la madrugada,
con todo el mundo moviéndose a sus espaldas:
los paperos, los descargadores. El pan, café y cigarrillo necesario.
Las ñañas con sus verduras y dolores. Sus hijas sintiendo el orgullo del esfuerzo.  
En mis sueños Temuco son mis brazos, mis ojos y todo eso anterior
veo a las niñas y niños nuevos que anhelan poner el freno de emergencia
que buscan usar el martillo para quebrar los arquetipos de artificios.
Tienen madera nativa en sus manos, poseen esperanza en sus ojos
fuerzas en sus cuerpos, clavos que fueron de sus cadenas
y que ahora servirán para construir: porque a fin de cuenta,
estamos creando el puente hacía el amor, queremos ser un diálogo entre canales baldíos:
no desperdiciar el tiempo, proyectar la pasión de nuestra juventud:
ser la chispa, el calor o la pequeña sombra de las ausencias
porque nosotros también somos la ciudad y tenemos derecho
a ser poetas, a ser pintoras, a ser cantantes, a ser bailarinas, 
a ser no la mirada quieta y la posición silenciosa coercitiva de las masas 
a ser cometas de luz y de destrucción de lo viejo y nacientes de lo nuevo;
porque nada sana tan rápidamente, y esta tierra bruma 
y los animales dan sus bramidos. Y es la ciudad, es la naturaleza, su gente
la que también anhela que la vean con ojos más dulces,
con el suave olor de las palomitas mientras llueve,
con la promesa de que ni los cables ni cordeles nos alejaran de este apasionado ímpetu. 


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