Euforia






La semana empieza y yo sigo sin despertar. No es momento de estudiar, ni de ponerse grave. Lo que toca,  es drogarse, beber y quedar embobado nuevamente. Abrir las puertas del bar, sacar un cigarrillo, y evadir. La técnica milenaria del inhalar y escupirle al mundo, es la que uso para días como estos.  
Hoy es jueves, y soy el rey de las cantinas. No tome ninguna mochila, y las llaves se perdieron. Yo los estribos, pero me gusta. Eso de irse al carajo y encontrarse sentado en un bar, conversando con mi amiga, la que trabaja vendiendo alcohol, y que me cuenta de sus historias, yo le cuento las mías, nos drogamos, robamos algo de cervezas y reímos de alguna estupidez. Así decidimos estar. Y eso en realidad ocurre. ¡Pah!. Suena el teléfono y yo ando bestial. No importa, todavía podemos más. Nuevamente en el mismo lugar, con los compinches, botando humo, echándole a la imaginación y tirando su mejor rima.  Nada importa, ni las tareas por hacer, ni las perdidas, ni las ganadas. Hoy todo se va al carajo, al tacho de la basura. No quiero tu saludo, porque ando ebrio. Más bien púdranse. Que hoy soy un borracho. ¡Fuah! Tranquilidad, son solo las 1:00 am, y los zombies todavía no aparecen. Mi mente anda en el limbo, amando la vida loca, y sus consecuencias, sin rencores, ni miedos por fantasmas, se levanta un salud por los muertos, ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ellos son parte de nuestra vida. Mi cuerpo se detiene. Nos echan del bar y mañana será viernes. Todavía queda por disfrutar. (Y que importa, si no, le hacemos la desconocida al tiempo).

Mi vida vivir sin miedo a morir ah! mi vida fácil no es nada ágil…

¡Pah! Audífonos a los oídos, maldito viernes de septiembre. Extínguete. Pero bueno. La misma historia. Mi silla en la sala me sigue esperando, pero yo no llego. Son las 6 de la tarde, y espero mi apañe. Una linda amiga que brígidamente, me agrada. - Hola, -hola. No hay tiempo para hablar, y entramos al bar. Dos, tres, cuatro, cervezas, no sé cuántas. Y en minutos vueltos a tono, insanos, enfermos, erráticos, pero alegres. ¡Bam bam!, mi cabeza retumba. Una nueva droga aparece recorriendo mi organismo. Directo al fuego, y la adrenalina del corazón emergiendo, retumbando mi cuerpo, y la euforia logrando llegar a mi cabeza. 30 segundos, saliendo del caos. En el segundo piso, todos se ven más bajos y a lo lejos, las nubes, sueño y vuelo, sueño y vuelo. ¡Pah! Otra más, mismo efecto. Inhala, inhala, y la sangre hirviendo. Así ocurre todo, y no me doy cuenta en que momento estamos adentro. Otra droga, otro color, otro efecto. Ahora sí, más que tontos, nos sentimos vivos. Blablablá, no queremos hablar. Lo nuestro es estar arriba. Y en eso, otra vez afuera. Con personas nuevas, hincando el codo, la realidad distorsionada, y el día haciéndose noche. No sé cuánto más podremos dar, pero humo, trago, humo, trago, y las preguntas se extinguen. Ahora somos amigos todos, y compartimos experiencias. Nada se pone serio, todo es risa. Nada denso, todo tranqui. Perfecto momento como para aburrirse. Y querer escaparse. Pero nada, la sensación del éxtasis del cuerpo, asalta a la vieja aburrida dormilona, que quiere estar leyendo mentiras. ¡Chup¡ ¡Chup! ¡Chupa cabras!  Estamos locos... pero que vá, todo fluye perfectamente, y la dicha de vivir como a uno le plazca, se concreta. Aun así, está todo decidido. Este es un adiós, sin despedida. Iré por otras euforias, que estas ya se calmaron. 

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