es un domingo y la lluvia realmente existe.



 
Déjame sentir la melancolía fluyendo por mi cuerpo,
Por mi cerrar de ojos
Por mi sonrisa atolondrada.
Déjame sentirla,
Que no me escaparé de estas nubes,
De estas lluvias,
Y de estos mares.
Naufragaré sólo por estas aguas
Y buscaré una isla, donde sentarme un rato,
Observar las lluvias del otro lado
Y acercarme más a lo verdadero.
Déjame prender un tabaco en tu recuerdo,
En un día domingo,
Donde la lluvia del sur me entrega una postal,
Unas cartas con lamentos,
Un cuaderno con poesía, 
Y un suspiro pasajero.
En esta lluvia que cae por mis ojos
Y me hace sentir que estoy vivo,
Tan vivo,
Como siempre quise estar.
Déjame sentirlo, para darme cuenta
Y que la realidad atrofiada de hace días,
Era solo un estúpido infierno.
Déjame escuchar las guitarras,
Y las melodías,
Apagar el ruido de los bares,
Y acariciarme con mi ternura.
Déjame ser un niño bobo,
Y no un huracán desaforado,
Un niño loco, soñador,
Pensante,
Y no una furia errática caminante.
Y no, no le hablo a nadie,
Cuando exijo lo que quiero,
Tan solo invoco a los momentos,
Imaginando volver a tenerlos.
Les digo que vuelvan,
Que no desaparezcan.
Que vivir estos días
Me hace no perder la esperanza.
Mi pequeña esperanza desalineada,
Creativa, viva imagen,
Presente cautiva,
Consciente alienada a los linces,
Que frente al triunfo del individuo
Que frente a la destrucción,
De la construcción colectiva,
De un futuro común,
Sigue mostrando desplante
Y valentía.
Continua pensando que se puede,
Que nada está perdido,
Y todas esas consignas,
De los utópicos viajantes.
Para sentirme un humano temple
Déjame sentir el fluir de los vientos,
Y te aseguro que arrancaré la maleza,
Que sembraré el alimento,
Alejaré a los monstruos de la mente
Y construiré nuevas formas de amar.
Te lo prometo, bella existencia
Que no habrán nuevas rogativas de anhelos,
Porque los sueños que me diste alguna vez,
Siguen despiertos,
Cual Mayo francés ocurriendo,
Barriendo con toda una historia.

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