2006








Era de noche y llovía, era agosto y en la tele daban películas gringas, estaba en Angol, en el fuego hogareño, donde los niños gatean por los pasillos y la placidez se sienta en mi alma. Pasando el rato busque conversaciones por internet, pues ya nada me importaba, estaba cansado, recién había terminado el informe de una molesta investigación, no aspiraba saber nada más de ciencias. En primer momento hable puras idioteces con gente sin importancia hasta que logre conversar con una chica de la universidad. No sé como pero hablamos de los deseos y la lluvia, ella hablo de sexo y dijo que se tocaría esta noche, que se metería los dedos en la vagina y que lo haría en mi nombre. Que me pronunciaría con una sonrisa y carcajadas provocativas, que evocaría mis ojos y mi cuerpo en unos instantes, que la magia de su cuerpo, se tocaría con el recuerdo de mi cuerpo agitado dentro suyo, de mis gritos y manos suaves rosando su espalda . Tal idea me parecía increíble, al punto de sentirme totalmente ido, casi a punto de irme al baño a tocarme, a acariciarme sin parar evocando su figura, totalmente extasiado. Yo tenías los pies helados y me imaginaba su rostro, sus dedos con su olor, la pieza sucia en esa casa oscura, una imagen tan poética como cierta. Eso es actitud, pensé, directa sin pretextos. En la soledad de la noche de Malleco,  reía con lujuria por sus nobles deseos. Luego, me deje llevar, apague la caja de mentiras y solo alumbró el fuego de la estufa, sentí sus labios en mi boca y mi cuerpo parecía perder el control, su último mensaje decía que la lluvia la había puesto, que anhelaba que alguien le viniera a hacer el amor de forma violenta. De pronto mi verga se endureció, mi mente drogada pensaba en la excitante idea de que algún día ella me chupara la verga con sus labios y lengua, y de vuelta, a grosso modo, yo le chuparía su cuerpo de un bocado ,su vagina, sus ojos, sus miedos, en mi pieza, mi pedazo de locuras sin control. Después de un rato, desconecte el celular y camine hacia el dormitorio, le di un beso a mi pequeño sobrino que dormía en la otra pieza y me quede tirado en la cama pensando sobre la poesía y el miedo de los jóvenes poetas que no se atreven a hablar sobre el sexo. Me dormí regañando a los poetas maricas por ser tan conservadores, o sólo por no tener la chispa. Yo hace rato tenía que escribir de estas cosas, tantas historias bajo la lluvia no se desperdician menos siendo poeta.

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