Liberatorz




Te imagino en noches con tu bella silueta posada en la banquilla de la plaza, encendiendo un cigarrillo, con tus labios rojos marcados, con rostro de importarte nada lo que ocurra allá afuera, ni la violencia de los medios que transmutan la conciencia de los ciudadanos, ni la estructura dominante del capital que a todo le pone precio, nada te saca de tu mundo. Llega la primavera con su juventud alborozada y tú estás ahí, respirando, sabiendo lo único verdadero, transitando elegante por las ciudades, cerrando y abriendo los ojos, consiguiendo esfumar a los cerdos. Te imagino viendo la lluvia con una cara de ensueño enternecedora mientras enciendo un pito de cogollo, mientras se me pasa el enojo por no verte martes ni viernes, por estar aquí deslizando mi amor a negativas y luego abrazos. Te siento tanto y no te conozco nada, ¡qué horrible! Imagíname de noche caminando con botas, pisando el charco invernal del Temuco sucio, mirando con inocencia a rostros tristes, buscando algo genuino en la muchedumbre, pensando que tú lo eres. La ciudad es violenta cualquier día, todos andan demasiado apurados, nadie apunta a sentarse en el parque desolado, ninguno busca mirarse a los ojos. A veces creo caminar con un ejército en mis espaldas, sabes y la ciudad es toda mía, los miedos se disipan, y nada me violenta. Hay días donde me aburro del desamparo y me lanzo a la vagancia junto a los borrachos que comparten el fuego, y yo ahí, rumiando frente a la escuela de vidrios rotos, le declamo al cielo todo mi amor contenido. Dulce amor que poseo enredado por mis venas rescindido de desatar la gran ventisca. ¡Qué vida la nuestra! Hay días donde florezco como un dulce niño, y me gusta, me rio a carcajadas de las simplezas de la existencia, tiro piedras sin motivo alguno, camino sin rumbo y mi silencio es sonriente. En otros días, cambian mis visiones, corro iracundo por los montes y le canto a gritos a las ciudades que me vieron amar. Me desgarro el alma, es un acto consciente, mirar de frente a los miedos punzantes del pasado y hacerlos humos. Esa es mi forma de vivir. ¡Escribir pájaros enamorados desde la cima, corazón! Imagíname, como algo que ríe, ¿bueno? Tengo imágenes en mis manos abrazando mi perro, sublimando mi propio nirvana, estando  descalzo, placido en el suelo, mirando omnipresente como todo ocurre. Viendo como tú te mueves. Me enamora esa forma de ser tuya, me vuelve un loco, posible de vibrar colores, de soñar mil años en un momento.  Mírame y sabrás lo nervioso y descuadrado que esta situación me pone, evoco personas libres que marchan creando sus propias calles, anhelo el desacato, estoy en todos lados rayando murallas citando al combate, pero hoy, aquí, tan bobo, tan tonto, predecible, dándome el derecho a imaginarte y besarte en un cerrar de sentidos. A veces de noche me dejo caer en las alfombras y miro a todos lados y luego pataleo, te digo: “maldita, maldita, ven a quitarme las ganas de tenerte nuevamente”. Mañana será otro día y estaré en los parques,  viendo los árboles, y ahí aparecerás. ¡Qué rabia! Me gustaría amarte y pasar horas como estas junto a ti, para solo mirarte, quedarme observándote, tocándote, todo en el silencio, toda en la complicidad de saberlo y de que tú también lo sabes.  Abrir mis mariposas sanas del pecho, entregarte un obsequio en tu mano y rendirme. Caer rendido, feliz, llorando, por amar en estos tiempos cuando todo es tan pasajero. Le digo a mi perro que salga a la calle a jugar con otros perros para quedarme solo y decirte que de verdad hablo desde el alma y en ella me envuelvo para dibujar trazos perfectos. Cierro los ojos y te toco, otra vez, te toco, suave, te acaricio, mis labios te besan, imaginándote, desnudos nuestros cuerpos, sucumbiendo en el placer, con todas estas palabras a tu oído susurrándote. 


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