Cuando el cielo oscurece, y los hombres y mujeres cansados de la rutina diaria del trabajo, se dejan llevar por el sueño y descansan sus cuerpos fatigados, atareados de la vida moderna, prendo mi mente, repleto a mis ojos de luciernagas y acompañado de un cuadernillo y unos cigarrillos rubios, salgo a las calles sucias, a escribir sobre mis iluminaciones.

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