Verano en el desierto



Con un puñado de jóvenes, parecidos y distintos, caminamos por las calles empolvadas de una ciudad que no conocíamos, recordando las historias que marcaron nuestra existencia a miles de kilómetros, hablamos desde lo profundo, totalmente humanos, y nos secamos las lágrimas y nos abrazamos, dijimos que éramos hermanos, que íbamos a salir de esta, que por eso éramos camaradas. El sol del norte nos dejo repletos de fuerzas, de amores, de compañerismo, marchamos juntos llevando las herramientas pesadas en aquel verano, aquellas que hace años veníamos transportando en nuestras mochilas: contigo son ligeras, querida amiga, algún día nos sentaremos en el columpio a pensar nuestra vida, e inventaremos risas coloreandonos la cara, travesuras nuestras a escondidas del gran mundo, secando la amargura, transformandolas en fresca voluntad e ímpetu. Mis mejores amigos los conocí en la barricada un día de mayo, hoy luego de cinco años, por las calles polvorientas voy transitando digno y sin miedo, orgulloso de no estar a la deriva de la historia, de ser fuego junto a otros fuegos, de forjarme en el acero, de no tener miedo de abrazar cuando exista el frío.  

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