En la mitad del monte
Mire las estrellas, sentí
el aire de la ciudad, y vi su rostro,
Ahí estaba, como saliendo
de mis ojos, sintiendo su piel en mi piel,
Abrazando sus labios como
si no hubiera mañana,
Una sonrisa, complicidad y
el ciclope aparecía,
Un avistamiento de
aquellos.
Que me entregaba sin querer
una sonrisa.
No me acuerdo la última vez
que la vi,
Aunque si hago memoria
podría acordarme de todo
Pero echarme en cara no
quiero.
Una pequeña
niña, belleza de otros mares,
Alguien que suena con su
propia melodía,
Con sus propias letras,
Y que no existe más que en
mis sueños.
Cuanto la extraño.
Cuanto todo.
Hoy la vi, caminando a casa luego
del trabajo,
Y en medio del monte casi al llegar,
Sentí su aire, vi sus
dientes,
Cerré los ojos y nos
miramos,
Qué momento,
Una mirada al cielo, y
agradecido.
Las palabras sobran pensé,
Encendí la máquina, prendí
la música,
Y delire.
Estas letras y otras tantas,
Un gusto verte. Siempre lo
ha sido.
Muerte.



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