Viajo con el sol
Un
pajarito me contó una historia. Yo atento lo escuche como si siempre hubiese deseado
que me contaran historias personas desconocidas. La historia me daba vueltas por
la cabeza, me cuestiono la vida, logro hacer volar pájaros en mi mente, y luego
de mucho tiempo, de mi cara agria y oscura, saco una sonrisa. Lo entendí,
exclame entre sollozas lágrimas en medio de la selva boliviana. Ese día llovía
y llovía. Y yo caminaba, como un hombre perdido, como alguien que no sabe para dónde
va, pero que irracionalmente creía alocadamente en lo que estaba germinando. Sonreía
como un enfermo o solamente como alguien feliz. Prefiero pensar que así es. En realidad
prefiero no pensarlo, mi nostalgia lo entenderá luego de un tiempo, mi
nostalgia me sobara la espalda, me mandara a dormir y me hará soñar.
Lo sé. Ya lo ha hecho otras veces. Esta no
podría ser distinta, el testarudo casi siempre se equivoca, pero nunca deja de
vivir, a golpes, a sacudidas, pero vive y vive. Fluye como si siempre hubiese
caminado por esas tierras, sintiéndose parte, haciéndose parte. De esto, de lo
que somos, de la naturaleza, del rio que corre alrededor de mi dormitorio, de
las estrellas que me abrazan por las noches y de mí, que contemplándome frente
a un espejo, recordé a ese pajarito, y sonreí nuevamente. Ame, y ame como
nunca. Todo pasa por algo cuentan los sabios, y aquí estoy, siendo la
consecuencia más feliz frente a la terrible realidad que amenaza el futuro de nuestros días. Solo frente al mundo, como tantos otros, latinoamericanos todos, con mis
cuadernos, mis sueños y mi esperanza inquebrantable en que todos
entenderemos que la vida hay que vivirla tal como a uno se le plazca, y que
para eso hay que batallarla sin titubeos, enfrentarla, cerrar los ojos y dar
ese paso al vacío, ese paso que nos llevara a un mundo desconocido, y del cual no sabemos nada. En el cual estoy, cruce
la línea. Pero esa es otra historia, de otros cuentos, de otras vidas. Y bueno,
eso me contó el pajarito que en realidad nunca dijo nada, la tierra se movió, y
yo ahí, no podía quedarme quieto. Las frases sobran, las miradas lo son todo. Chaltumay
Newen
todos los días de la vida.



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