La vagancia respira polvo
Dos momentos, una historia
Cascara
que se rompe y los ojos en la calle parecieran verlo todo. Ocho de la tarde. Y los
cielos están fumigados por la erupción del volcán. Sin metáfora alguna, la
tierra cruje. Y el mundo escandalizado
sigue comprando el pan a la misma hora y cambiando de canal como ejercicio
predilecto del descanso en esta modernidad podrida. Anoche, yo, andaba en el
delirio. Junto a mis compinches, como siempre. Dando de qué hablar. Carne pa la
picadora, y los cuerpos desaforados disfrutan cada estupidez por más miserable que
pueda verse. Los libros de teillier y unos cuantos poetas. Nosotros en
investigación, dice mi amigo. Que risa. Nosotros en investigación. No sé en qué
momento crecimos. No sé en qué momento se eligió esto. Yo prefiero estar ahí,
manoseado, abusado, alocado. Prefiero eso. Que estar hablando de cuestiones estructuradas,
y que por lo demas, no tienen nada que ver con lo mundano que somos. Con lo nada que somos. Así me dijo un hombre, mientras yo me empinaba
una cerveza, la quinta, la sexta, no lo recuerdo y da lo mismo. Los polvos
siempre despiertan. Así me dijo alguien también. En realidad no me dijo nada,
solo me dijo dale. Y yo, ¿qué? Risas, risas, por favor. Un hombre me pregunto
por la situación del tiempo y el clima por estos días, aludiendo a la carrera que estudio. Le pregunte si me
hablaba del clima social, político cultural, de los últimos hechos de la
realidad nefasta que vive por estos días el país. Pero nada, me pregunto sobre
el clima. Y yo de esas cosas lo único que sé, es que quiero dormir en la luna y
contarle a las estrellas mis secretos. Que burradas pasan en la noche. Pero las
risas pareciesen conectarlo todo, asimilarlo todo. Como la mirada con esa niña,
no hizo falta nada. Me queme, no con lava, obvio. Tengo muchas durezas como
para volver a quemarme. Y se sabe. Eso es lo gracioso. Todos lo saben. Como saben
también que los días se pierden y yo me encamino en una vía sin rumbo, para después
decir que la culpa la tuvo el destino. Claro. Como si todo fuese culpa de algo.
Y no de uno. Pero ya sabes, todos le echamos la culpa a alguien. Pero no por
hacernos sentir bien a nosotros mismos. Si no porque a la gente le gusta que
uno le mienta. Así me dijo un escritor. Miente, miente carajo. Acepta que nada
es tuyo. Acéptalo. Y te sanas. ¿Moraleja perpleja? Juego de palabras absurdo del cual no quiero
ser parte. Y punto, coma y sangría y se pasan paginas para que el viernes
llegue, sin saber cómo se dio vuelta todo y volver repentinamente a la
reflexión cotidiana en la cual una carcajada termina por dar vuelta el drama.
la comedia, a todos nos gusta.
DES-esperanza
Envuelto en el frío, en medio de la lluvia, gritos de
los huesos, lágrimas de mis dolores. Escritos de murallas y la consciencia sin
paga. La vida de los que se lanzaron y dejaron todo atrás. La familia, los
amigos y el calor. Lo que no perduro y la cicatriz que marco toda la
existencia. Entre sin sabores y melancolías. En la paciencia que decían que nos
llevaría a frutos necesitados, y que termino siendo la fatiga que acabo con todo futuro. Caminando
con la memoria, tocando las hojas y sintiendo el viento. Muerto en adicciones,
el alcohol, el tabaco, y ballantines, como forma de vida. Lágrimas en mis ojos,
nunca más aparecieron. Viviendo por vivir, o viviendo porque otros quieren que
yo viva. En busca del sueño, consigna arrebatada por los fracasos inevitables
del sistema. Y que toca ahora, pregunta la noche. Que toca ahora, me sigue
preguntando. Dando vueltas por mi cabeza, nada. Tan solo nada. Sin esperanza,
sin amor y sin sueños. Tal
como me querían ver. Tal como yo alguna vez me quise ver por el asfalto.
Comiendo la manzana podrida, alejado de la palabra pertinencia, y enfrascándome
en el juego de los malditos. Ni de aquí, ni de allá. De la espontaneidad y no
del sedentarismo. Del descubrir y de los viajes. SOY. Si no puedo bailar, para
que seguir. Eso no tiene sentido. Todos lo sabemos. Ni en la madurez, ni siendo
un pendejo. Perros de calle vomitando tu idiosincrasia, imagínalo. Un perdido
te vomita. Intelectualidad barata, cliches baratos, todo tan barato. ¿Quién les va a enseñar a vivir a las nuevas generaciones?
¿Quién?
Si somos una generación perdida. Perdida en su misma mierda. Pudiendo
hacer tanto, pero muriendo por si sola. En un cuento no escrito, que ni si
quiera pudo ser quemado. Las voces de los barrios hoy día duermen, no es que
duerman siempre, es que la madrugada a todos los mata. A todos nos mata. Y me dicen que no pierda la esperanza. Los
puntos suspensivos podrían ser interminable para una frase como esa. ¡Donde está la luz idiotas!
Sobrio o ebrio, la lucidez no se me escapa. Yo no estoy equivocado. El mundo se
lanzó conmigo, no yo contra él. ¿Que esperaban? Váyanse a la mierda.



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