Extrañaré el invierno.
Temuco ciudad es la tarea
incompleta,
Un desarrollo desigual de
la historia,
Un frio que no ha germinado
flores propias,
Un camino de lluvias
terminales.
Es mi mirada buscando
sentido a las 10 am,
Mi desahogo existencial del
domingo,
La pérdida de la conciencia
de un sábado.
Los retos de mi madre a
deshoras.
Es el puente que cruza los
canales marginales,
Es el flujo intermitente
del cautín invernal,
Es la mirada vacía del maestro
de obras,
Es la tarde anaranjada
bañada en melancolía.
Soy yo, desde un punto de
vista lejano,
Independiente caminando por
el asfalto,
Con un pensamiento fugaz y
abrazable en las ideas,
Con un futuro ideal y una
actitud dispuesta al baile.
Con una mirada evadiendo
los ojos ajenos en la fila del banco,
Queriendo que el mundo se
terminase.
Soy yo, en un canto perdido
de los bares,
Abrazado de personajes emergidos
de un libro re-leído,
Soy yo convertido en un
animal libre,
Pecaminoso y justiciero,
Lujurioso y tranquilo,
Utópico y contento.
Temuco warria, año dosmil-once,
Todo cambia, todo fluye, nada permanece estable,
La mezcla perfecta de mi
amor envejecido,
Por los mundos que resisten
a los hábitos actuales.
Caminantes de la lluvia,
nos conoció el viento
En un ir y venir, de lo que
llamaron perder la vida,
Y donde yo, transitando libremente
en los días de mi juventud.
Me acerque al único sueño
verdadero de futuro,
Y contemple el invierno por
la ventana de mi casa,
Descubriendo el acto más
placentero añorado por los búhos del bosque.
Que suave el tiempo, tócalo,
Escribe del desorden para ordenar
tus sentidos,
Fluye en el delirio en este
espacio congelado,
Y mírame de frente,
Que yo te doy la cara.
Que yo te afirmo el tranco.
Que no eres tú si no yo el
que va a paso de valiente.
Todas las señales
que retumbaron mi mañana,
En la más alta calma de
escuchar la lluvia de todos los inviernos,
Pegándome cachetas en el
rostro,
Cual lluvia atolondrada golpeando palabras en el techo de mi pequeño cielo.



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