Llévatelo todo, pero ahora.




Un suspiro que me nació por dentro, sincero el sentimiento de amor nacido al verte. En mi cabeza imaginé un pájaro libre volando en los días primaverales, un gato nocturno en las andanzas por la ciudad, una sonrisa fatal al despertarme. Me guarde la sonrisa atolondrada y alejando distancia, tome posición para ojearte desde mi intimidad. Eras una belleza extraña no-cliché, solo extraña, como para pensarte al lado mío. La música sonabá en mis oídos, pero el jazz de la sutileza de tus actos había cambiado las coordenadas del tiempo espacio y yo cerrando los ojos, aspirando el aire, disfrute a Chet Baker sonando por tus cuerdas vocales. ¿Dónde estarás, polvo de estrellas? Te busco por los rincones donde camina la gente desesperada de cariño, y por los pasillos donde gente abrumada asume su destino miserable. Yo sé que me viste, y que me quieres ver. Tirarme de las ropas, y besarme. Apretarme fuerte y bajos los efectos del embrujo del brebaje exigirme que nunca pare. Que el deseo que germina del aire de tu boca ansia arrasar con mil historias densas. Darle la sencillez de los días de otoño con sus hojas planeando por el suelo, y así como el rio que cruza nuestro pueblo, tener la templanza necesaria como para fluir con los flujos vertiginosos de los cauces. Aquí perdidos en esta dimensión de mundo, donde el delirio es constante, el coraje de vivir debería hacernos fuerte, y por vez primera, lograr dejar las tonterías vulgares, estas palabras bufonas, estas ansias de lujuria, y acercarnos lentamente, mirarnos cara a cara, y en acto de humildad agachando nuestras miradas vanidosas, nos digamos a la manera de una complicidad de planetas, que ya no hay nada que perder, más que nuestros miedos. Más que nuestros trapos, más que nuestros limites propiamente impuestos, pero dime algo, y quiere escucharlo, ¿hace cuánto que no juegas sin pensar las consecuencias?... yo te estoy deseando y el frio que por algunas noches me congela, pide a gritos el calor de tus manos. Insinuó mil historias, y no quiero que dudes, pues las cárceles del amor por aquí no existen, tan solo hace falta valentía, aquella palabra que transformada en acto nos puede lograr volar la cabeza de revoluciones. De amores, de alcohol, de noche. 

Te veo, te pienso, ¿dónde estás?  

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