Viva la utopía de un mundo de colchón






La escena comienza, son las X horas del día, y el hombre soñador se despierta. Un suave olor entrando al dormitorio, acompañado de un día por nacer y un pensamiento interrelacionado entre lo cotidiano y el caos. Mucha espera adormece al humano, por lo que la puerta se cierra y a lo lejos, la imagen de un ciclista atravesando el tiempo, deja las respuestas claras a cualquier rogativa. Un hippie amiga que se divisa a lo lejos, un alimento repleto de verduras en mis manos, una música identitaria, contestaría, sentida, que nacía de las guitarras, y  voces de mis amigos, una distancia casi invisible entre dos acantilados. Aprendiendo a porrazos, hace más de 10 años, a mí nadie me cuenta el cuento. Los días transitan y a mis recuerdos les falta cabeza, los días caminan, y mi fantasma se encuentra ausente de presencia y tacto. Divagaciones varias, orientadas a seguir transmutando, donde una calma dulce se prende como vela de mi escritorio, y donde una paz sanadora enseña evadir las balas de los traidores. Satisfacción, llámenlo como quieran, pero la cara del éxito humano no te lo quita nadie. No me falta el aire, las escenas de mi vida no sé cómo continúan pero fluyen como si yo fuese el humano ideal, tirado a ojos cerrados en la naturaleza salvaje. Nuevos días, y todo es bello. Galletitas, mermelada de mora, té vespertino, tengo más de lo que puedo poseer, y la sonrisa más tonta del mundo. Chocolate, maní, mandarinas, donde estarás, un vaso de agua y medicina verde. Emergiendo la vida más hermosa del universo, en condiciones inexplicables y con un futuro que se refugia en el hoy. Tardes libres, humano libre, dinamita el soñador. Bicicleta, micrófono, amigos, marihuana, letras, y rap. Música de combate y mis guantes aferrados a la lucha de los pueblos, yo no nací sin causa, y mis sueños arden por la libertad de tus ojos.  >>Esta soledad se ha tornado excesivamente cómoda, al punto de llegar a pensar, de que si no fuese por el sexo me independizaría enseguida del mundo que vive allá afuera en el ruido<<. Es día X, donde la hora no existe, ni tampoco mi presencia masculina, soy __________ un vacío tremendo para los ojos perdidos de los que esperan actos funcionales, dominables y alienados. Vivo en la paz y confianza de mirarme a la cara y llorar. En el amor de abrazarme por las noches cuidándome de la mala calle. En la humildad de reconocerme y reconocer al universo y naturaleza como guiadores de mi destino. Para dejar de ser, hay que dejar de existir, para dejar de existir con el ego a 10 mil kilómetros de distancia, inoculando mi semilla en la tierra, entregándole al cosmos todos los años felices de mi juventud.  No sea bobo, no sea boba, quiérase. Yo hace un tiempo era un denso y un padre de colores inservibles; hoy con risa avergonzada miro mis pasados llenos de amor. Que buena vida, viejita, que buena vida, viejito. Me reconcilio contigo, contigo, y contigo; amor de naranjas primaverales, corazón de  led zepellin, viajeras de la luna. Un abrazo que llega a todos los miedos reflejados en cotidianos titubeos,  porque a pesar de que ya no se necesitan, hay que comprender con sabiduría el porqué de las caídas.  Una imagen que se esfuma, en el infinito de las calles de Temuco, y la marca de un joven libre secándose las lágrimas en el recuerdo de la gente que más quise. Finalizando grises días, años terribles y nervios tontos, iniciando caminos en silencio, desbordando el mundo de lo posible, lanzándome por completo. 

Guárdate la imagen de la escritura,
e imaginame feliz,
con una sonrisa boba, 
mas no falsa,
de este perro callejero 
que te mira a los ojos
bajo la lluvia.  



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