Que apagues la mente, te digo.





San Huberto roble, la primera imagen al despertarme,
Mis ojos desconocidos deslumbran el caos nocturno:  
Un cenicero en el suelo, pastillas en mi cama,
Una mujer desnuda y escritos de canciones manchados con sangre.
Son no más de las 12:00 del mediodía y siento un tremendo olvido,
Un vacío inmenso en mi memoria,
Que se apacigua a medida que prendo el último porro de la madrugada
Y que lentamente me calma la existencia.
Le saque el velo a la mujer dormida y sentí satisfacción de su belleza,
Contemple su anatomía mientras se regocijaba en el sueño,
Y al rato, levanté el merlot argentino de mi escritorio,
Buscando brindar en ayunas.  
Hay que levantarse, 
Mi dealer espera en calle los escritores,
Y me he atrasado en el tiempo.
No puedo seguir perdiéndolo, mis compinches necesitan la medicina.
Y yo tengo que firmar el contrato para entrar prontamente al laburo.
¡STOP! Un silencio infinito, recuerdo que eso fue ayer.
Y ya son más de las 13:00 hrs del día martes;
Me tengo que dar por despedido sin haber empezado.
Qué fastidio, y yo que ya me gozaba la idea de esa rutina asfixiante.
Ahora entiendo porque hay marihuana desparramada por todos lados,
Y el olvido en mi testa se hizo nuevamente presente.
Da igual, hay que levantarse y apagar la música,
Lavarse la cara e ir en buscar de matar el hambre.
Mientras tanto divago, unos hombres desnudos entran a mi pieza,
Se escucha el boche en el pasillo y
Jugarretas en la ducha del baño.  
Mi cabeza retumba al pararme a ver por la ventana,
¿Que fueron esas sonrisas? Me pregunto,
El brebaje entero entra a mi cuerpo, la botella queda vacía
Dibujó un pito ruin para quemar las expresiones,
Y la mujer me habla:
“oye ¿porque no follamos y dejas de hablar solo?”
Yo la miro y como nunca antes
Confié plenamente en esa vía de solucionar los problemas.
Que sugerente persona, pensé,
Mientras encendíamos un tabaco luego de acabar consumando la propuesta.
Me arranque de sus brazos y fui al baño en busca de una idea,
Toc- toc y salen dos chicas desnudas y un muchacho,
No podía creer quienes eran, mas no soltamos ninguna palabra
El jazz sonabá desde el living,
Y con el jazz nada hace falta.
Solo atinamos a olernos los cuerpos,
Suavemente oliéndonos,
Junto a unas risas cariñosas que acompañaban nuestras inclinaciones,
Nuestras narices por cada territorio no conquistado,
Dejando un viento fresco,
Daba por entendido toda coincidencia sexual momentánea.
Sutilmente desaparecieron en una atmosfera mágica,
Donde no caen los cuestionamientos de las acciones,
Y yo por fin lograba entrar al baño.
Miro al espejo y mi rostro evocaba una tranquilidad sublime,
Una paz insospechada,
Unos ojos que sin vacilaciones entregaban su alma,
una boca rojiza, que dejaba entre ver la reciente travesura con el licor.  
Luego me lave el rostro, sonreí  al reflejo,
Lance guiños delatores de mis artimañas,
- Soy el Malaguita buscando líos - recite con descaro. 
El día se ha transformado en series underground's,
Y la tarde temuquense recién comienza.
Debo salir y develar que ocurrió ayer,
Descubrir la identidad de los hombres que entraron a mi dormitorio.
y también ir en busca de vino,
Quiero seguir conociendo a la flaca que durmió a mi lado,
Aunque quizás decidamos hacernos sufrir más tarde,
Mejor nos drogamos
Y olvidamos de quienes somos
Desconectare los telefonos,
La policía nos persigue
Y ni mi poesía, ni el amor de quien la escribe,
Las quiero bajo cárceles que las callen;

Estoy metido en líos.   
 

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