flâneur
La
multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los
peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la
multitud. Para el perfecto flâneur,
para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en
el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de
lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en
cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin
embargo pasar desapercibido —tales son los pequeños
placeres de estos espíritus independientes,
apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente.
El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato.
El amante de la vida hace del mundo entero su familia, del mismo modo que el
amante del bello sexo aumenta su familia con todas las bellezas que alguna vez
conoció, accesibles e inaccesibles, o como el amante de imágenes vive en una
sociedad mágica de sueños pintados sobre un lienzo.
Así, el amante de la vida universal penetra en la
multitud como un inmenso cúmulo de energía eléctrica. O
podríamos verle como un espejo tan grande como la propia multitud, un
caleidoscopio dotado de conciencia, que en cada uno de sus movimientos
reproduce la multiplicidad de la vida, la gracia intermitente de todos los
fragmentos de la vida.
Baudelaire, "El pintor de la vida moderna"


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