Chica de Humo
Mientras el polvo entra por la ventanilla
me pregunto si alguien más viaja con este nerviosismo
de juntarse con una gata desconocida.
Miro los rostros y todos se ven tan confiados, coversando
por ejemplo, sobre los cambios del tiempo y el inicio
del verano: hoy llueve, dicen, hay que arroparse
yo voy con una guayabera y lentes de sol,
creo que soy el único extranjero.
Miro mi rostro, por el reflejo de un celular roto
y nadie puede sacarme los ojos embobados.
Me río solo, hablan del amor de acuario.
Voy pasando por villas y pueblos morenos.
Uno se llama Catripulli – zona mapuche,
dijo después el conductor que me trajo de vuelta.
Él me habló de su juventud malgastada
también me preguntó sobre qué hacíamos los antropólogos
para variar, le dije cosas que ni yo me creía.
Durante el trayecto me llamaste, tu voz se hizo sentir,
Mis nervios, el pecho, también respiraron:
dónde vienes / nos vemos en la plaza de Kura.
Antes me habías pedido provisiones que llamaste samsaricas:
tabaco, vino, marihuana y 1 chocolate,
según así le decían los niñes de la montaña
También lleve un saco, dulces y libros.
Esa noche, al interior, descubrimos que teníamos
un chimpancé y un dragón: por mi caminar el primero,
por tu intensidad el segundo. Nos reímos.
Bajo las estrellas nos tatuamos el cielo
Y escuchamos los secretos que traía el río,
ahí permanecimos entumecidos pero abrazados
con la peineta del tiempo rozando nuestras cabezas.
Y todo ocurrió en la incertidumbre del bosque
o en la libertad de lanzarse a los caminos:
¡Juro que nuestros ojos parecían ser distintos!
Que tu abrazo a la araucaria conmovió mi alma.
Sabes, me importa un carajo la mesura:
volvería a tomar cualquier microbús rural
con tal de perderme en tu cuello.
Si ya escuché las blabladurías del mundo
y sigo queriendo ser, a pesar de todo: yo mismo
un sueño rojizo, como la llama que no se apaga
Afuera de la carpa.


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