Piedras en la ventana o razones para verse así mismo



La ciudad llueve un viernes 
y en mi habitación todo es aire tibio 
o brisa japonesa y color 黄色 (intuitivo).
Desde el ombligo: el sol ilumina
y demandando su nacimiento 
se impregna en visiones de oro. 
Pero también en desvelo bohemio: 
imagen de la pasión y el cuerpo 
o sea, de humo lisérgico y de ruido. 
Dios le vertió un secreto a mi infancia: 
jardines en un campo de acuarela 
y con un palo de alerce revolvió las semillas.
No me dejó lingotes, si diamantes 
para cruzar el ghetto libre 
enhebrando la memoria del barrio frío. 
Eran de tiza o Era de mar, 
el cuento es que fui descalzo
y ahora me cuido (así hoy soy yo y mañana otro). 
También hubo canela, jengibre y ruda 
para que nazcas fuerte, mijo, eso dijo: 
mirada de samurái y paciencia de oruga.
Hoy rechinas, pero mañana mariposa
y te harás de navajas, miel y poesía 
para no olvidar el amor que te humedece.
Y me los lleve, las ilusiones, las mastiqué 
no bote mis guantes en la cima de estiércol
donde va todo el mundo a lanzar sus vidrios. 
Hice de ella un enigma de laberintos 
escracheé LIBERTAD en las murallas
y luego trepé a recitar con el búho del bosque.
Somos espejos y amigos de gente silenciosa
como almas que se hunden en las dunas 
o nadan profundo hasta el Atlantis. 
El oasis milagroso, peligroso para la Matrix 
de tocarse la sabia para potenciar un rito
así entenderse en múltiples versiones. 
Volverse ligero de visiones
o de la sangre que se disipa
Como detectives mexicanos.

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