Romper el cielo
Uno nunca comprende la vida del todo
ni del tercio
y eso es lo maravilloso del ser
que descubre sin cadenas ni verdades tan sustantivas
sobre lo que es o cómo debería ser la vida.
La inquietud nunca fue definir lo que somos
sino cómo somos y qué estamos haciendo.
Porque cuanto creímos entender las esencias
las posibilidades se volvieron otra vez infinitas: incontrolables.
Porque la realidad rehúye de las definiciones
de las abstracciones, de los universalismos
y esa es la maravilla de la existencia
su capacidad de transformarse
de ser a y b, contradicción y equilibrio:
un golpe sobre la mesa y los tableros del tiempo.
El mundo volverá a sangrar, a desarmarse
y serán necesarias nuevas preguntas
que logren incomodarle, desagradarte
a quienes todo lo quieren en sus manos
aquietado, en detalle
a quienes definen qué vida se llora
qué vida es negable.
Hay que cambiar las preguntas
hay que desmantelar las verdades
de las formas, en las que deberíamos ser y sentir:
estar dispuesto a la incertidumbre
dispuesto a romper el cielo, a indisciplinarse.



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