Leña gruesa
Cuando niño solo veía tus pies
El subir y bajar la escalera de la madrugada
Luego veía fotos donde me sostenías
En tus hombros, en tus brazos
Y yo, tocando las ramas de los árboles
Soñando con el sol y la luna de Nawelbuta.
De ti conocí las manos morenas
El pulso constante del trabajo
Tu apellido Oliva y Poblete
Bajando entre el trigo y el frío.
Recuerdo un trabajo del colegio:
Escribí que quería ser como tú
El mejor feriante de la vega.
Te acompañaba arriba del camión
Como lo hicieron mis hermanos
Y esa era la forma de sentirnos.
Hablabas de fruta y de verduras,
De lo buena y mala que era la máquina.
Recuerdo tus garabatos al televisor
Mientras discurseaban los políticos.
Las canciones de Quelentaro, Sol Lluvia
La muerte, el hambre y la vida.
Allí querías que te acompañaran
Que te escucharan, no que te den consuelo.
Y yo iba contigo a ver los partidos de Malleco
El mejor pretexto para llegar tarde a casa:
Ir donde Carloncho y comerse un bistec a lo pobre
Volver con las estrellas subiendo por la Colipi.
Me parecía mágico el barrio Retiro.
A pesar de lo duro de tus palabras
Conocí(mos) el corazón que te habita
A ti siempre te dolió que atropellaran perros
Te molestó la injusticia, nos hiciste rojos.
Y quizás la distancia también fue necesaria
Porque así aprendimos a valorarnos.
Te llamas Juan, como tantos hombres
De esta tierra, de esta cordillera.
Ahora uso tus chombas con orgullo
Y llevo tu fuerza para no rendirme.
Tus sueños solitarios y crecidos.



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